Xi viaja a Pyongyang y refuerza el eje que conecta a China, Rusia y Corea del Norte
El primer viaje internacional de Xi Jinping en 2026 busca reafirmar la influencia china sobre un socio que ha estrechado lazos militares y económicos con Moscú.
Entre el 8 y el 9 de junio, Xi Jinping realizó una visita de Estado a Corea del Norte, recibido con honores por Kim Jong-un. Fue el primer viaje al extranjero del líder chino en 2026 y su segunda visita de Estado a Pyongyang, coincidiendo con el 65.º aniversario del tratado de amistad entre ambos países.
Xi llamó a profundizar la «coordinación y cooperación estratégica» e inyectar «un impulso poderoso» a la relación, ofreciendo ampliar la cooperación en economía, comercio, agricultura, salud, ciencia y tecnología. El gesto busca contrarrestar dos años de acercamiento militar entre Pyongyang y Moscú.
Para Corea del Norte, la visita es un nuevo capítulo de su clásico equilibrismo entre China y Rusia: obtener beneficios militares y económicos de ambos sin caer en dependencia excesiva de ninguno. La diplomacia norcoreana convierte su posición intermedia en moneda de cambio.
El telón de fondo es un realineamiento más amplio. El viaje llega pocas semanas después de que Xi recibiera por separado a Putin y a Trump en Pekín. El eje que conecta a China, Rusia y Corea del Norte no es una alianza formal, pero sí una red de conveniencias que erosiona el orden liderado por Occidente.
Valoración: no es una alianza formal, sino una coalición de conveniencia con desconfianzas internas profundas; conviene no inflarla ni descartarla. Lo que comparten China, Rusia y Corea del Norte —voluntad de erosionar el orden liderado por Occidente y de blindarse frente a sanciones— basta para coordinar en los momentos críticos, pero sus intereses divergen en cuanto hay que repartir el coste.
Lo que vigilar: los flujos que de verdad cohesionan el eje —transferencias militares Rusia-Corea, cómputo e infraestructura china, energía— más que la retórica de las cumbres. El indicador clave es el grado de dependencia que Pyongyang acepta de Pekín frente a Moscú: su equilibrismo es la grieta por la que Occidente puede operar.