India asume la presidencia de unos BRICS+ en expansión y reivindica la voz del Sur Global
Con once miembros, diez socios y decenas de solicitudes, el bloque se presenta como el andamiaje de un orden multipolar; India busca darle coherencia.
India preside los BRICS en 2026 por cuarta vez y acogerá la 18.ª cumbre de líderes. Lo hace al frente de un bloque transformado: once miembros plenos —de Brasil y China a Irán, Arabia Saudí y Emiratos— y diez países socios incorporados en 2025, desde Bielorrusia y Cuba hasta Malasia, Nigeria y Vietnam.
La ambición es mayor que la lista. Nueva Delhi sitúa la cooperación «sur-sur» en el centro y maneja cerca de 65 solicitudes de adhesión procedentes de América Latina y Asia, un volumen que podría redefinir la naturaleza del grupo. El lema indio apela a la «resiliencia, innovación, cooperación y sostenibilidad».
El ministro de Exteriores, S. Jaishankar, insistió en la resiliencia económica, la estabilidad de las cadenas de suministro y la reforma multilateral, reiterando la vieja demanda de mayor representación de las economías emergentes en la gobernanza global. India quiere presentar al bloque como fuerza estabilizadora, no como anti-Occidente.
El reto es la cohesión. Un grupo que reúne a rivales como China e India y a economías tan dispares carga con divisiones internas profundas y un riesgo permanente de dilución. La prueba será pasar de la retórica multipolar a instituciones, monedas y mecanismos que funcionen.
Valoración: los BRICS+ son menos un bloque cohesionado que un síntoma medible: una porción creciente del mundo construye alternativas al orden occidental sin necesidad de confrontarlo. Su poder no reside en una doctrina común —no la tienen, con China e India como rivales internos— sino en la erosión del monopolio normativo de Washington y Bruselas en pagos, comercio y tecnología.
Lo que vigilar: el avance concreto en comercio en monedas locales y en infraestructura financiera alternativa, no la lista de miembros. India es el actor a observar: cortejar a Washington y presidir los BRICS, comprar crudo ruso y exportar software no es indecisión, es cobertura estratégica —y es el patrón que más países adoptarán esta década—.