Defensa · 12 de junio de 2026 · 3 min de lectura

El Golden Dome confirma sus primeros hitos pero su coste se dispara hacia lo desconocido

El escudo antimisiles de Trump valida arquitectura, mando y contratos, pero las estimaciones de coste oscilan entre 185.000 millones y 3,6 billones de dólares.

Vehículo espacial en órbita sobre la Tierra

El Golden Dome, el escudo antimisiles estadounidense heredero de la orden «Iron Dome for America», superó el 23 de abril un umbral de credibilidad: el Pentágono confirmó por primera vez tres hitos concretos —un plano de arquitectura terminado, un Consorcio de Mando y Control en funcionamiento y contratos de adquisición activos para componentes del sistema.

El presupuesto de defensa de 2026 destinó 13.400 millones de dólares a sistemas espaciales y de defensa antimisiles para el programa, sobre los 24.400 millones ya provistos por la ley de reconciliación previa. Es una de las mayores apuestas de hardware militar en curso.

El problema es el coste. La estimación oficial subió a 185.000 millones, pero las proyecciones independientes son demoledoras: la Oficina de Presupuesto del Congreso la eleva a 1,2 billones y el American Enterprise Institute hasta 3,6 billones, según la arquitectura final. Trump prometió tenerlo operativo antes de dejar el cargo en 2029.

Golden Dome no es un programa convencional, sino un «sistema de sistemas»: sensores espaciales, radares terrestres, interceptores, misiles desde el espacio, armas láser y ciberataques encadenados desde la alerta temprana hasta la intercepción. Su viabilidad técnica y fiscal sigue en disputa.

Perspectiva Kernel

Valoración: el riesgo del programa es económico antes que técnico. La defensa antimisiles pierde casi siempre el cálculo coste-intercambio frente al ataque, y la horquilla de estimaciones —de 185.000 millones a 3,6 billones— revela que ni el propio Pentágono ha cerrado la arquitectura. Los tres hitos confirmados son reales, pero mínimos frente a la escala del «sistema de sistemas» prometido.

Lo que vigilar: el componente espacial —sensores e interceptores en órbita— como verdadero punto de inflexión presupuestario y estratégico, porque militariza un dominio hasta ahora relativamente común y será el primero en sufrir recortes si el coste se dispara. Indicador temprano: si los contratos pasan de demostradores a producción a escala o se quedan en prototipos perpetuos.