EE.UU. despliega por fin su primer misil hipersónico operativo, el Dark Eagle, con la mirada en Irán
Tras años de retrasos, el arma de alcance superior a 2.700 kilómetros entra en servicio; el CENTCOM pidió enviarla a Oriente Medio y Washington sigue por detrás de China y Rusia.
El Ejército estadounidense culmina el despliegue de su primer misil hipersónico operativo, el Long-Range Hypersonic Weapon (LRHW) o «Dark Eagle», tras repetidos retrasos desde 2023. El programa acumula más de 12.000 millones de dólares desde 2018 y otorga por fin a EE.UU. una capacidad de ataque hipersónico terrestre.
Técnicamente es un misil de planeo-impulso: un propulsor de dos etapas y un cuerpo de planeo hipersónico común que se separa en vuelo y viaja a más de Mach 5 maniobrando en la atmósfera, con un alcance reportado de unos 2.775 kilómetros. La primera unidad operativa se asienta en Joint Base Lewis-McChord.
La urgencia es real. El 29 de abril, el CENTCOM solicitó enviar el Dark Eagle a Oriente Medio para un posible empleo contra Irán durante la guerra de 2026, la primera vez que Washington desplegaría la tecnología. Leidos se aseguró un contrato de 2.700 millones para llevar el cuerpo de planeo de las pruebas a la producción en serie.
El contexto estratégico es incómodo: pese al hito, EE.UU. sigue por detrás de China y Rusia en capacidades hipersónicas operativas. Ambos países ya las han desplegado y, en el caso ruso, empleado en combate en Ucrania. El Dark Eagle reduce, pero no cierra, esa brecha.
Valoración: el valor del Dark Eagle es tanto técnico como de señalización; su posible envío a Oriente Medio frente a Irán lo convierte en herramienta política antes que en arma empleada. El hito real, sin embargo, es que EE.UU. llega tarde a una capacidad que financia desde 2018: el problema es de adquisición e industrialización, no de ciencia.
Lo que vigilar: la cadencia de producción del cuerpo de planeo —el contrato con Leidos es el indicador—, porque una o dos baterías no alteran el equilibrio frente a los arsenales hipersónicos ya operativos de China y Rusia. El efecto desestabilizador de fondo es la compresión del tiempo de decisión: armas que llegan en minutos erosionan los márgenes de verificación sobre los que se sostiene la estabilidad estratégica.