Taiwán produce el 90 % de los chips de proceso avanzado y se convierte en pivote de la economía global
La concentración de capacidad fabril en TSMC convierte el estrecho de Formosa en la pieza más sensible de la economía digital mundial.
Más del 90 % de los semiconductores de proceso avanzado del mundo salen de Taiwán. La cifra no es nueva pero ha dejado de tratarse como dato técnico para convertirse en pieza central de la conversación geopolítica de 2026. Cualquier interrupción en la isla —militar, sanitaria, energética— se traduce en parálisis casi inmediata de la economía digital global.
La isla se ha convertido en el ejemplo más claro de concentración crítica. Estados Unidos, China, Europa y Japón mantienen relaciones distintas con Taipéi pero todos coinciden en una cosa: ningún sustituto plausible existe a corto plazo. Las plantas que se construyen en Arizona, Dresden y Kumamoto producen procesos rezagados respecto a los nodos punteros de TSMC.
Pekín considera la capacidad fabril taiwanesa un activo estratégico que debería incorporarse a la República Popular tras una eventual reunificación. Washington la ha integrado de hecho en el núcleo de su "alianza tecnológica" mediante la CHIPS Act y los controles de exportación. Esa tensión define la línea roja de toda crisis del estrecho.
Para Taipéi, la lectura interna es doble. La dependencia mundial del chip taiwanés actúa como disuasión implícita —el "silicon shield"— pero al mismo tiempo concentra todos los riesgos en una sola industria y en pocas plantas. La estrategia para diversificar geográficamente esa capacidad sin perder ventaja competitiva sigue siendo uno de los debates más sensibles del gobierno.